Cuando era niña, uno de mis grandes placeres era jugar al aire libre con el numeroso grupo de niños que vivían en el bloque. Las sesiones de juego con frecuencia comenzaban cuando un amigo tocaba a la puerta de mi casa y le preguntaba al que respondiera: “¿Puede Susan salir a jugar?” Ese toque a la puerta era siempre una invitación a salir y, a menos que estuviera enferma o participando en algún proyecto laborioso, yo salía.

Esos recuerdos de mi niñez me han llevado recientemente a ver de otra forma una vieja y familiar imagen. Las imágenes de Jesús llamando a la puerta de madera de una casa de piedra eran populares en Alemania e Inglaterra en el siglo XIX, donde se retrataba el tema a menudo. A mi manera infantil de entender esta imagen, una antigua copia de la cual colgaba en una clase de mi escuela dominical, Jesús llama y espera pacientemente que lo dejemos entrar en nuestros corazones. Por supuesto eso es verdad; Jesús desea entrar en nuestras vidas y cambiarnos para siempre. Sin embargo, de repente me di cuenta de que Jesús nos llama para invitarnos a salir. Jesús llama para invitarnos a salir a jugar, salir a hacer amigos con los demás, salir a ver y servir a un mundo necesitado. Jesús no nos llama para que lo dejemos entrar y cerremos la puerta con él adentro. Su toque en nuestra puerta es una invitación a salir.

En cuanto salimos y nos comprometemos con Cristo en el mundo, estamos conectados en el Reino. El Reino de Dios, por el que oramos cada vez que decimos el Padre Nuestro, no es un lugar remoto y lejano. Es cierto, sin embargo, que todavía no ha llegado en toda su plenitud, pero sus semillas, los indicios generales están aquí. Como Jesús mismo dijo:
“El Reino de Dios está entre vosotros.” (Lucas 17:21.) El Reino de la paz y justicia de Dios ya está entre nosotros. El sueño de Dios de alegría y plenitud en la vida de todos ya existe. Captamos un destello y ojeada fugaz cada vez que una persona trata a otra con amor cristiano, cada vez que nuestros corazones los conmueven la sonrisa de un bebé o la gloria del ocaso, o cuando actuamos por el bien común.

Al fin y al cabo, no estamos solos entre los fieles. Nadie puede aislarse como cristiano. Ser cristiano, por definición, significa estar en comunión con Cristo y con todos a los que ama. (!y eso significa todo el mundo!). Cuando elegimos seguir a Cristo, también obtenemos la comunidad, así es. De hecho es una imagen muy visual. Imagina tu relación con Dios en Cristo como una línea vertical, como vemos a menudo la conexión entre el cielo y la tierra. Ahora, imagina tu relación con los demás como una línea horizontal, como los brazos extendidos para abrazar a otra persona. Ahora une las dos líneas. Donde la vertical y la horizontal se juntan, ahí está la cruz de Cristo. Dónde se juntan la vertical y la horizontal, justo allí se intersecan Cristo y el mundo, allí encontramos el Reino de Dios.

Nosotros los de la Diócesis de Virginia, estamos conectados en el Reino. Estamos conectados unos con otros igual que estamos conectados con el mundo entero, este magnífico mundo adolorido. En esta temporada de otoño, Conectados en el Reino es el tema de nuestro ministerio diocesano de campaña de mayordomía. Conectados en el Reino será nuestro tema para la próxima reunión del Consejo Diocesano (sí, el nombre sigue siendo Consejo hasta que adoptemos una enmienda constitucional en la segunda lectura y cambie a Convención en enero.) El Obispo Peter John Lee, de la Diócesis de Cristo Rey en Sudáfrica, junto con otros visitantes de su Diócesis, nos recordará las conexiones en el Reino que se extienden más allá de la nacionalidad y la raza y el origen étnico. Conectados en el Reino es también un tema central de la temporada de Adviento que está a la vuelta. Estése pendiente del estreno de la serie de cortometrajes sobre el Adviento* que nos ayudará a conectar nuestra idea sobre el Reino con la preparación para la llegada de Cristo.

Cristo está a la puerta y llama. El Reino está a la puerta y llama. ¿Vas a salir a jugar?


Por: El Obispa Susan E. Goffgoff_portrait_final_min_web

Posted by Diocesan Communications

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