Por: The Rt. Rev. Shannon S. Johnston

Al comenzar a escribirles, estoy pensando que lo haré brevemente. Es porque todo lo que quiero decir, todo lo que quiero que el lector o lectora comprenda con todo su corazón, es esta verdad totalmente fundamental: En realidad todo se trata de JESÚS. Esto lo tengo muy presente por el énfasis puesto por nuestro Obispo Presidente, el Reverendísimo Michael Curry, quien constantemente se refiere a la iglesia como “el movimiento de Jesús.” Sí. Así es: todo se trata de Jesús. La medida y el sentido de su vida, el don del amor y la amistad con respecto a todos aquellos que dan contexto a nuestra vida real, nuestra experiencia y relación con el Dios eterno, la misión bautismal, la adoración, aquello que escogemos hacer como ministerio cristiano, el servicio y la mayordomía que adoptamos como expresiones concretas de que realmente somos discípulos de Jesús: es decir, que todo se trata de Jesús. Además, y quizás más básicamente para el propósito de esta carta, la propia Iglesia – tanto su congregación local, pero aún más allá, la iglesia que es nuestra como un don de Dios: la Diócesis de Virginia, la Iglesia Episcopal como una Provincia de la Comunión Anglicana y esta Comunión que se extiende por todo el mundo tiene su razón de ser en Jesús de Nazaret, el Cristo, Dios mismo, encarnado en la vida humana como nuestra propio cuerpo y sangre. Es este Jesús quien nos muestra cómo cada uno de nosotros debe vivir y por qué debe de vivir de esa manera. Pero aquí hay algo mucho más profundo: si nuestra participación y comprensión de “iglesia” no se condensa finalmente en una materialización simple y muy personal que nos sirva como punto de referencia – que todo se trata de Jesús – entonces simplemente estaremos derrochando un tiempo precioso y gastando sin ningún sentido nuestros cada vez más limitados recursos.

Estas palabras pueden ser muy obvias para algunos, pero no quiero darlas por sentadas. Por una parte, debo decir que muchas veces yo me encuentro con ciertas personas, cristianos, que obviamente han dejado de prestar atención al tema. También quiero decir que a menudo yo también puedo ser una de estas personas.   Por eso es importante que haya personas y ocasiones que en mi vida (tanto como obispo como personalmente) que me recuerden esta verdad fundamental: todos se trata de Jesús, y que me reorienten. Y ustedes también necesitan que haya personas y ocasiones que les recuerden lo mismo.

¿Me comprenden? Debo admitir que ahora mismo, al escribir, virtualmente puedo escuchar que hay personas reaccionando a mi mantra – todo se trata de Jesús – comentando que todo lo que estoy diciendo es tan ingenuo que se hace innecesario y simplista. También puedo imaginarme que algunos incluso hayan dejado de leer esta nota, han dado vuelta a la página sin estar convencidos que en realidad esto no es un “problema” sino algo que debe enfrentarse y decidir si es verdad, es algo que debe darse por sabido y no algo de lo cual tenemos que ser nuevamente convencidos.

Pero, insisto. Todo se trata de Jesús es una idea muy radical. Creo que es radical porque parece que muchas personas, estructuras e instituciones tienen algo de “Jesús” en sus nombres o logotipos pero que en realidad quieren ser algo diferente y trabajan arduamente para lograrlo. El poder y el control generalmente se encuentran en otras partes. Es decir que normalmente el dinero generalmente es el tema de fondo. La preservación del status quo (fundamentalmente una premisa contraria a Jesús) tal vez nunca está lejos de las decisiones que deben tomarse.  El miedo – miedo a los riesgos y de lo desconocido – está muy arraigado en lo profundo de nuestros corazones. ¿Y la política? ¡Que Dios nos ayude! La política… Naturalmente puedo seguir y seguir haciendo notar todas las fuerzas que en realidad no tienen en su centro a Jesús. Fuerzas y valores comunes que no nos quieren dejar convencer que, en realidad, todo se trata de Jesús.  Me pregunto: ¿cómo Iglesia, tenemos el valor de enfrentar todas estas cosas sabiendo lo que son en realidad?  Si lo hacemos, entonces llegaremos a la conclusión de que todo lo que hacemos en nuestras iglesias, todo lo que hacemos como diócesis debe superar una simple prueba: ¿Sirve a esta visión que Jesús tiene de la humanidad y de la sociedad que nosotros conocemos como “El Evangelio”?

En esta época frecuentemente escuchamos sobre la “declinación del cristianismo” en nuestra cultura. La Iglesia frecuentemente es vista como cada vez más impotente o irrelevante, particularmente en las civilizaciones occidentales. Pero, no nos equivoquemos. El mundo – nuestro mundo – necesita desesperadamente a Jesús. Estoy convencido sobre este punto e igualmente estoy convencido que cuando le vean le reconocerán. Esto es particularmente cierto entre los adolescentes y los jóvenes (hay innumerables encuestas que así lo afirman) que son las generaciones que en las últimas décadas buscan la con mayor interés la espiritualidad. Está bien claro para mí: y para ellos, ciertamente: todo se trata de Jesús.  Así que les pregunto: ¿creemos esto nosotros, quienes somos la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, fundado por Jesús para reunir y guiar nuestro discipulado de Jesús, como el Señor de la vida?

Está bien. Me equivoqué sobre la extensión de este artículo. Pero, a veces, el camino de regreso al punto de partida es un poco largo, Para mí, es una jornada que vale la pena comenzar, porque allí se encuentra Jesús.

Traducido por el Rvdo. Thomas Gustavo Mansella.

Posted by Diocesan Communications

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